
El escrito de las “Alabazas a Dios” está unido a la bendición al hermano León, en un pequeño pergamino que hoy se encuentra en el Sacro Convento en la ciudad de Asís. El mismo hermano León dejó una nota donde nos cuenta que Francisco escribió estos textos dos años antes de su muerte, retirado en el monte Alverna, lugar de oración preferido por Francisco.
Texto:
Texto:
Alabanzas al Dios Altísimo
Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas (Sal 76,15).
Tú eres fuerte, tú eres grande (cf. Sal 85,10), tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo (Jn 17,11), rey del cielo y de la tierra (cf. Mt 11,25).
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses (cf. Sal 135,2), tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero (cf. 1 Tes 1,9).
Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia (Sal 70,5), tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector (Sal 30,5), tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza (cf. Sal 42,2), tú eres refrigerio. Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador.
Comentario:
Francisco, pone por escrito estas abalanzas después de la experiencia de los estigmas. El escrito nos habla de la relación de intimidad con Dios del santo de Asís. Él tiene una relación real con el Señor; Dios no es un concepto, idea o el espejo en el que busca proyectarse a sí mismo. Los nombres que da a Dios hablan de alguien que ha contemplado a ese “Otro” en la vida y las escrituras: “el admirable y Señor Dios único”, pero también “el amor, la belleza, el refrigerio”. Dios no es alguien a quien teme ni alguien a quien pretende controlar. Francisco reconoce a un “Tú” grande y altísimo que se le ha manifestado como amor, dulzura, hermosura, protección y al cual no puede hacer otra cosa que devolverle su amor y llenarlo de halagos.
Aprender a encontrarnos con ese "Tú" y entrar en relación profunda con Él es parte del reto de la vida cristiana. No es fácil. Sin embargo, Francisco de Asís en sus últimas, ciego y enfermo, nos dejó este testimonio de alabanza.
Hno. Fandry J. Sosa Ayala, ofm.
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