sábado 17 de septiembre de 2011

Acercarse a los escritos de Francisco de Asís

  Todavía muchos no conocen que San Francisco tiene un conjunto de escritos propios. Incluso, fueron ignorados durante siglos por los propios frailes franciscanos al darle prioridad a las biografías del santo. A partir del siglo XIX, gracias al trabajo de un obispo anglicano y al esfuerzo de numerosos frailes de la Orden, los escritos adquirieron su lugar de importancia como fuente de conocimiento de la figura de Francisco de Asís.
   De pocos santos de la época se conocen un número tan significativo de escritos. Entre los escritos se encuentran oraciones, cartas, avisos espiritules, textos legislativos (las reglas) y testamentos. Algunos pocos salieron de su puño y letra, otros los dictaba al hermano León, quien fungía como su secretario en la estrecha cercanía y confidencia.

   Acercarnos a estos textos es hoy por hoy la mejor forma de encontrarnos con el espíritu más auténtico del hermano Francisco. Allí está él con su experiencia personal ante el misterio divino, el Evangelio, la Iglesia y los pobres; también con las ideas y luchas propios de su época. Iremos compartiendo algunos de ellos durante la próximas semanas.

Texto:

La Oración ante el crucifijo de San Damián


"Oh Alto y glorioso Dios!

ilumina las tinieblas de mi corazón

y dame fe recta, esperanza cierta

y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor,para que cumpla tu santo y veraz mandamiento".

Comentario:
  Francisco, en sus primeros años de conversión, empezó a frecuentar iglesias a las afueras de Asís. Una de ellas fue la ermita de San Damián, la cuál reparó y más tarde se convirtió en el hogar de Santa Clara y sus primeras hermanas. Allí había un icono bizantino de Cristo crucificado, ante el cual rezaría muchas veces esta oración.
  La oración ante el crucifijo de San Damián es fruto de esos primeros años de búsqueda. Empieza reconociendo la grandeza de Dios y su propia pequeñez. Sin embargo, Dios no aparece como una revelación que atemoriza y condena, sino que ilumina y muestra la verdad más profunda del corazón. El orante se reconoce tal cual es, sin apariencias y se da cuenta en lo profundo de sí mismo de la infinita grandeza de ser amado por Dios. Una vez "curada la ceguera" puede pedir fe, esperanza, amor y la inteligencia necesaria para emprender un camino. La petición no es para llegar a una meta sino estar disponible para anunciar la esperanza y servir con alegría. Sin duda, es una oración para todo el que quiera reiniciar el camino de la vida, emprender un tiempo nuevo... ¿Acaso no estamos en nuestro hoy de incertidumbre, más que nunca, llamados a reiniciar cada día?
 
 Fandry Sosa Ayala, ofm.