viernes, 31 de diciembre de 2010

Un verdadero relago de navidad: Musical Memorias


El grupo de jóvenes Renacaer de la comundad de Sabana Seca creó el musical Memorias como un regalo de Navidad. El texto de la obra fue escrito por los jóvenes a patir de las situaciones que ven en su realidad. La dirección del musical estuvo a cardo de Fr. Abilio Villareal y contó con la cooperación de sus hermanos frailes Wilson y Fandry en la áreas técnicas.



El musical presenta una serie de circunstancias actuales como la prisa de la vida, la pobreza, las drogas, la prostitución y las desunión familiar. En medio de este cuadro desesperanzador, tenemos a una María comtemporanea que va a concebir a Jesús. Al final, aparece el ángel mensajero, que estuvo siempre presente bajo la imagen de un indigente, él resume el mensaje de la presentación: no pierdan sus memorias, no olviden la promesa del Señor, Dios está entre ustedes.



La comunidad de Sabana Seca y otros invitados que nos acompañaron, se sintieron muy conmobidos y celebraron con alegría el trabajo realizados por los jóvenes. Un agradecimiento especial a Fr. Abilio, a Sandra Jiménez, Camelia Hernández, a todos los jóvenes, a sus padres y familiares y a todos los que de una u otra forma cooperaron para el buen desarrollo del mudial.
Feliz Navidad y Próspero año 2011!

Fandry J. Sosa Ayala, ofm.

martes, 28 de diciembre de 2010

VÍSPERAS DEL DIA DE NAVIDAD


Compartimos la reflexión del hermano Salvador Subirá para la comunidad de Sabana Seca en Noche Buena:


Hoy es un día en que nuestro padre San Francisco nos llama e invita a acompañarle frente al nacimiento de Greccio para volver a celebrar la mayor alegría de la historia humana. Es una noche fría pero llena de amor y de sentimiento, porque en una noche como esta nació el deseado de todas las generaciones, el que se nos prometió desde el mismo Génesis para restablecer nuestro abrazo con Dios. Y nos llegó en la delicadeza de un niño, como uno de nosotros, vestido de nuestra misma carne y aterido del frío de una noche. Su llegada no pudo ser más pobre, entre María y José cansados del camino, que cumplían una misión de Dios, pero no encontraron espacio entre los hombres. Sólo pastores avisados por los ángeles, tuvieron el privilegio de asistir a conocer a aquel recién nacido, que no cabía duda que encerraba un misterio del cielo, pero que estaba lejos de descifrarse.

Pero nosotros somos privilegiados porque hoy la historia y la fe nos revelan mucho más. Han pasado veinte siglos y conocemos como el niño se hizo hombre, conocemos sus enseñanzas y sus obras que impactan nuestra vida, y la llenan de esperanza y de sentido.
Por Él sabemos que Dios desde siempre quería ser considerado como Padre, que nos tiene tanto amor que no vaciló en enviar a su único Hijo para que nos enseñara en nuestras propias palabras el camino de nuestra salvación, testimonió la plenitud del amor en una cruz, quiso acompañarnos a través de los siglos a través de la Eucaristía, y nos abrió la puerta de la eternidad con su resurrección.


Por todo eso es que esta noche es tan importante, y Francisco nos ha reunido. Hoy asistimos a la conmemoración de la llegada del hijo de Dios, del Rey de los Siglos, que nos enseñó la trascendencia de nuestras vidas y nuestro destino sobrenatural. Y con Francisco queremos arrodillarnos en adoración frente al Señor que nos ha demostrado tanto amor que no merecemos. Con simplicidad franciscana besemos los pies del Niño que recorrió todos los caminos de Palestina para redimirnos y que injustamente terminaron traspasamos en una cruz. Es noche de agradecerle al Padre el amor infinito de sacrificar a su único hijo para salvarnos. Es ocasión de agradecerle a la Virgen que nos haya traído a Jesús, y a José su paternidad de cuidarlo y protegerlo.


Pero también es día de que correspondamos a la generosidad del Padre, ratificando nuestro ofrecimiento de seguir siendo instrumentos fieles para los trabajos del Reino. Y así le pedimos a nuestro padre Francisco que ponga este humilde compromiso de hombres pecadores ante la majestad del Niño que da sentido a esta noche.

El discreto poder de la vida


Adivina adivinador. Tres características resumen su gobierno: una obsesión por eliminar a los opositores, un afán de construcción desmedido y, en consecuencia, un enorme descontento de parte del pueblo.

Tratan de adivinar el adivinador y la adivinadora. ¿Ha querido controlar a toda institución que piensa por sí misma? ¿Ha desprotegido a la Naturaleza para cultivar trozos de materia estéril? ¿Ha promovido el descontento hasta en la casa misma de la alegría?

Castigos brutales frente a cualquier asomo de protesta. Aumento constante de impuestos. Nombramiento de funcionarios que no responden al pueblo. Creación de una nueva oligarquía extorsionista. Control total de los magistrados y de los resortes del poder religioso.

Adivina el adivinador. Sobran los candidatos en la ancha historia, pero nos referimos al reinado de Herodes el Grande.

Roma gobernaba sobre sus territorios por medio de soberanos nativos que se comportaban como vasallos del emperador. Herodes gobernó así Judea: defendiendo celosamente los intereses del imperio romano. De este modo, garantizó lo que más le importaba: el afianzamiento de su propio poder. Aunque era hijo de una familia idumea, sus acciones déspotas y serviles hicieron que el pueblo nunca lo considerara judío.

Herodes utilizó todas las estrategias posibles para asegurar su continuidad real. Se ocupó militarmente de las fuerzas extrañas. Más tarde, hizo desaparecer a gente muy cercana. Su cuñado Aristóbulo, por ejemplo, apareció ahogado en una piscina de Jericó. Y apuesto que sabía nadar. Asesinó también a su esposa Mariamme; no sin antes acusarla de adulterio. De paso, sacó del mapa de los vivientes a su suegra Alejandra. Como un voraz Saturno, Herodes también asesinó a varios de sus propios hijos. Estranguló a Alejandro y a Aristóbulo, los herederos legítimos del trono. En el ocaso de su vida todavía le quedaron fuerzas en su cuerpo marchito para ejecutar a otro hijo que, simbólicamente, llevaba su mismo nombre. Herodes aniquiló a Herodes, reza la historia.

Con la misma fuerza que limpiaba el paisaje de los estorbos sociales, políticos y familiares, elevaba fortalezas, torres, palacios, residencias, anfiteatros, circos para juegos, monumentos y paseos porticados. Su ego, enfermo de poder, calculaba, pisoteaba, castigaba, eliminaba y, sobre el espacio desolado, reproducía, piedra a piedra, el edificio de una ambición desbocada. Herodes fue, sin duda, el más grande constructor de Oriente. Logró levantar espectacularmente el templo de los judíos, pero fiel a su obsesión viciada, en lo más alto de la entrada principal, se aseguró de colocar un águila imperial. Hay signos que pegan más fuerte que las piedras. Entonces, unos estudiantes, alentados por sus maestros, arrancaron de cuajo al pájaro petrificado. Herodes mandó a quemar vivos a los cuarenta jóvenes implicados y también a sus maestros. Los judíos nunca olvidaron este hecho atroz. ¿Quién podría olvidarlo?

¿Qué más le resta al poderoso que ya lo ha arrasado todo? Suplantar a Dios. Frustrar su reino de justicia y de paz. Dejar al mundo sin esperanza. El colmo de la megalomanía humana. Unos magos se presentaron en Jerusalén y dicen: “¿Dónde está el rey de los judíos? Vimos su estrella y hemos venido a adorarle”. Al oír esto, el rey Herodes se conturbó. Consultó enseguida a sus asesores y corroboró que efectivamente estaba profetizado que el Mesías nacería en Belén. Llamó aparte a los magos y averiguó bien sobre la aparición de la dichosa estrella. Astutamente encaminó a los magos: “Infórmense bien sobre ese niño y cuando lo encuentren me lo comunican para yo mismo ir a adorarlo”. Sí, Pepe. Los magos siguieron la estrella, encontraron a Jesús, se llenaron alegría, lo adoraron, le dieron tremendos regalos y se durmieron entre las pajas. En el ámbito de los sueños Herodes quedó tan mal parado como en la realidad. Los magos desobedecieron sus órdenes y se fueron por otro camino. José, ni corto ni perezoso, se escapó a Egipto con su familia. Entonces, Herodes, al ver que los magos se habían burlado de él, envió a matar a todos los niños de Belén que tuviesen dos años o menos. Herodes murió poco tiempo después de la terrible matanza de los inocentes, pero se instalaron rápidamente los nuevos Herodes de la vida.

Algo hemos aprendido juntos mis queridos adivinadores: que podrán cerrar todos los caminos disponibles, pero la Vida siempre encontrará un escondite, una fisura, un sueño, una estrella, un silencio, un amor, un corazón para volver. El discreto poder de la vida.



Ángel Darío Carrero, ofm

Custodio de los Franciscanos del Caribe

martes, 14 de diciembre de 2010

Invitación



Los Hermanos Franciscanos te invitan al encuentro-retiro para jóvenes:

Vocación para el Amor

Sábado 18 de Diciembre de 2010.
9:00 A.M. a 3:00 P.M.
Parroquia La Resurrección del Señor.
Urb. Las Lomas, San Juan PR

Info. 787-792-5939. Fr. Cristian Gil: 787-422-0152.


ORDEN DE FRAILES MENORES
Custodia Franciscana del Caribe Santa María de la Esperanza

martes, 7 de diciembre de 2010

Preparar la Navidad con Francisco de Asís



La navidad para los cristianos es celebración del don de Dios que ya poseemos y que renace y la definitiva esperamos. Por eso, el adviento es un tiempo que, en medio de las celebracion cultural, nos permite hacernos conscientes de la celebración. Así nuestra fiesta también es momoria de un amor que se renueva.

Seguidores de Jesucristo al estilo de Francisco, podemos preguntarnos sobre cuál es nuestra forma de vivir el adviento. La mejor manera de saberlo es ver cómo celebraba Francisco la navidad y así ver en cuál es la actitud que debe caracterizar nuestra espera.

Los biógrafos nos cuentan como Francisco preparó una navidad especial en Greccio, tres años antes de su muerte. Francisco pidió a uno de sus amigos laicos que preparara una representación del pesebre que en había nacido el Señor. El santo quería contemplar y palpar la humildad en que Dios encarnado nació.

Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco le llamó, como solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: «Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno» (1ra Biografía de Celano, 84).


Francisco de Asís, sin duda, pensaba en una Navidad como un banquete de comtemplación del que solo podemos disfrutar si tenemos los sentidos abiertos. Trabajar la esperanza es estar atentos a la vida que se renovarse y a los deseos de felicidad que todos nos deseamos en estos días. También, ser sensibles ante el grito de quien espera misericordia y compasión.

Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice «el Niño de Bethleem», y, pronunciando «Bethleem» como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba «niño de Bethleem» o «Jesús», se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras (1ra de Celano, 86).

Abrimos los sentidos para gozarnos en la Palabra de Dios. En ella veremos durante estos días la experiencia de fe del Pueblo de Israel en Isaías y de José, María, Isabel, Zacarías en los evangelios. Estos últimos, que vivieron la primera Navidad, nos muestran como vivir la nuestra con fe ante las dificultades y con una sopresa incomprensible ante un Dios que pone su casa entre nosotros.


Una vez que se hablaba en colación de la prohibición de comer carne en navidad, por caer esta fiesta en viernes, le rebatió al hermano Morico: "Hermano, pecas al llamar día de Venus ( del fin del mundo) al día en que nos ha nacido el Niño. Quiero-añadió- que en ese día hasta las paredes coman carne; y ya qye no pueden, que a lo menos sean untadas por fuera.
(2da Biografía de Celano, 199).

Atentos a la vida y a la Palabra estamos listos para actuar, para celebrar. La celebración de la navidad tienía para Francisco el peso de una gran fiesta; ningún mandato ni regla era superior, ninguna discriminación u odío es válido.

Preparmos nuestra Navidad con el pobre de Asis, despertemos los sentidos (que a veces van en automático) a los signos de Dios que renace, a su Palabra que nos llama y a gozar de su presencia que nos libera y ayuda a liberar a los demás.
Hno. Fandry Sosa Ayala,ofm.